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Entrevista al arquitecto Pablo Millán

Formación, premios y vocación avalan al arquitecto español Pablo Millán. Entre sus obras destacan la Capilla Martín de la Jara, un proyecto de rehabilitación, aspecto en el que su estudio trabaja concienzudamente. Charlamos sobre su pasión por su trabajo y cómo las redes sociales pueden ayudar a los jóvenes arquitectos.

 

  • Ha comentado que el hecho de haber nacido en Porcuna fue determinante para ser arquitecto, Sin embargo, la carrera de Arquitectura es dura, difícil. ¿Siempre tuvo claro que quería ser arquitecto o tuvo dudas?

Siempre he querido ser arquitecto. Nunca tuve duda. Durante un tiempo anduve fuera de la disciplina estudiando otras cosas también vocacionales, para finalmente acabar adoptando a la Arquitectura como la vocación de mi vida.

Efectivamente la carrera de Arquitectura es dura, pero merece la pena. Cuando empecé a estudiar en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Sevilla (mi casa), había un plan un tanto peculiar, llamado, el Plan 75, era duro, muy duro. Pero creo que descubrir que algo es su vocación hace que nada se ponga por delante. Y así fue.

 

  • Estudió en Sevilla y a trabajado en muchas otras ciudades. Echando la vista atrás, ¿cuáles cree que son los puntos fuertes y las carencias de la universidad española en la formación de los jóvenes arquitectos?

Creo que la disciplina de la Arquitectura en España goza de muy buena salud. Decir en el extranjero que eres arquitecto español es garante de calidad, profesionalidad y buena arquitectura. Hay un punto fuerte en las Escuelas de Arquitectura de España y es que tenemos un amplio conocimiento no solo de diseño (que también) sino también de cálculo de estructuras, construcción, etc… Esto no es normal en el resto de Europa, en el que el arquitecto viene a ser como una “dirección técnica artística”.

 

“Hay un punto fuerte en las Escuelas de Arquitectura de España. tenemos un amplio conocimiento en cálculo de estructuras y construcción. Esto no es normal en el resto de Europa”

Quizá subrayaría, en cuanto a carencias, la cantidad de escuelas de arquitectura que actualmente hay.

La sociedad no es capaz de absorber los arquitectos que año tras año egresan de las escuelas. No obstante, eso obliga a salir y abrirse mundo que es una gran oportunidad y que merece ser vivida.

 

  • En su opinión ¿cómo debería enfocar un joven arquitecto su presencia en las redes sociales?

Las redes sociales son importantes. En el estudio hay una persona que cuida muy mucho la imagen que mostramos en ellas, pero quizá el medio subyuga el contenido. Un joven arquitecto debería ver las redes sociales como una oportunidad de poder contar muy sintéticamente los proyectos, lo que está escribiendo, lo que está dibujando… sin hacer caso de la imagen.

“A veces en RRSS el contenido profundo ha pasado a un segundo plano.”

 

El peso de la sociedad en la imagen ha hecho que el contenido profundo de la disciplina haya pasado a un segundo plano, siendo esto lo fundante. Se hacen muy buenas imágenes, pero vacías de sentido profundo. Recuerdo un artículo de un gran arquitecto recientemente fallecido y que fue un gran profesor y amigo, Antonio González Cordón, que decía en “Los Corelianos”: «La tecnología de la elaboración de las ideas con los rápidos cad y corels y su millonaria gama de colorines, producida de forma vertiginosa en los 90, ha permitido la proliferación de “mensajeros del corel”, haciendo de esta función una cuestión más importante que la del mensaje (ya lo aplicó MacLuhan para la aldea global)». Ahí queda dicho todo.

 

  • Tras su paso por el estudio de Alberto Campo Baeza, saca tres lecciones: precisión, luz y razón. ¿cómo aplica estas 3 ideas en sus proyectos?

Trabajar en el estudio del maestro Campo Baeza fue un honor, un placer y un profundo aprendizaje. De ese tiempo de trabajo allí, además de las lecciones que usted dice, gané a un gran amigo del que a día de hoy puedo decir que es mi gran referente en la Arquitectura.

Aplicar lo aprendido allí en mi arquitectura requiere tiempo, mucho tiempo. La precisión, la luz, la razón… son conceptos que requieren que la arquitectura repose, se medite, para que poco a poco vaya decantando, quitando lo superfluo y dejando lo esencial. En el estudio me gusta tener siempre al lado un pequeño libro que escribió Alberto Campo, “La idea construida que sintetiza todos estos conceptos a la perfección y que ser aplicados en cada proyecto es, sin lugar a dudas, todo un reto fascinante.

 

  • La belleza es otra de las grandes cuestiones que se plantea. ¿Cómo definiría la belleza para usted?

La belleza hay que buscarla. La belleza no la defino, la busco y en muchas ocasiones la encuentro. Entrar en el edificio de Campo Baeza de la Caja de Granada, sentarse a orar en la Iglesia de Santa María en Marco de Canaveses de Álvaro Siza, pasear bajo el óculo del Pantheon o deambular por las galerías del convento dominico de La Tourette de Le Corbusier, es estar en espacio bellos.  Ahí encuentro la belleza y con esas arquitecturas la defino.

“La belleza hay que buscarla. La belleza no la defino, la busco”

 

  • En los últimos tiempos se ha debatido sobre la llamada “arquitectura de espectáculo”, más centrada en gustar que en ser funcional. ¿Qué opina al respecto?

Pues que lamentablemente es cierto. Recuerdo una frase de Patxi Mangado en una conferencia en Pamplona que lo definía perfectamente: “Antes quizá no se escribía tan bien, pero se estaba escribiendo El Quijote. Ahora hay muy buena caligrafía para estar permanentemente redactando revistas del corazón”. Un tema de caligrafía, de formas sin contenido, de pérdida de razón de ser. Si la Arquitectura pierde esa razón de ser, no le quedará nada. Pero, frente a esas arquitecturas del espectáculo, hay otras muchas, muy buenas, que gozan de buena salud y que personalmente son las que me interesan.

 

  • Valparaíso es otra ciudad que marca su trayectoria ¿cómo definiría la ciudad en términos arquitectónicos?

Es una ciudad ingrávida. En esa ciudad de “locura” la arquitectura está permanentemente retando a la gravedad. Ese fue mi gran interés por la ciudad y ese es el interés que hace que permanentemente vaya allí a seguir aprendiendo.

“Valparaíso es ingrávida. Está constantemente retando a la gravedad”

Además, en términos arquitectónicos, tengo que decir que allí hay una de las escuelas más interesantes que hay en el mundo, la Escuela de Arquitectura y Diseño de la Pontificia Universidad Católica, una escuela experimental que sigue siendo referencia mundial en el campo de la investigación y el diseño.

 

  • La arquitectura se enfrenta a grandes retos: falta de espacio en las grandes ciudades, uso de materiales sostenibles, la impresión 3D y un largo etcétera. ¿Cómo lo enfoca en sus proyectos?

En el estudio tenemos un especial interés por la rehabilitación. Creo que ahí radica gran parte de estos importantes retos. Rehabilitar no es simplemente mantener, es buscar nuevas formas de hacer arquitectura manteniendo lo necesario. Eso nos hace responsables con el medio y nos obliga a no hacer tábula rasa en las ciudades. Analizar el lugar, buscar los caracteres identitarios que hacen único al espacio en el que estamos trabajando, utilizar los materiales y sistemas estructurales vernáculos, etc… Estos son algunos de los planteamientos que intentamos aplicar en toda nuestra arquitectura y que hacen que todo, absolutamente todo sea importante en el proyecto.

“Rehabilitar no es simplemente mantener, es buscar nuevas formas de hacer arquitectura manteniendo lo necesario”

 

  • ¿Cuáles son los últimos materiales que más le han sorprendido?

En una obra que acabo de terminar, la restauración de “La casa de la Piedra” en Porcuna (Jaén). Hemos utilizado un material que me ha dejado tan sorprendido que ahora mismo lo estoy proyectando para una nueva obra. Es el hormigón de mármol blanco.

Además de ser de una belleza extrema, nos permite hacer estructuras portantes para dejarlas vistas. Esto en contextos patrimoniales es muy importante ya que con un solo elemento se resuelve fuerza, forma y función.  Concretamente este que hemos puesto lo hemos fabricado con mármol de Macael machacado junto con el puro cemento blanco de Cemex. Esa unión nos ha dado unos planos perfectos, limpios y

 

 

 

 

 

  • El Patrimonio ha sido objeto de su estudio ¿cómo cree que está el panorama en España? ¿Se están haciendo las cosas bien?

Creo que habría que distinguir dos cosas. Por un lado las intervenciones de conservación que se están haciendo y por otro lado la protección del patrimonio en sí. Diría que la nueva arquitectura en patrimonio se está haciendo muy bien y con muy buen criterio. Creo que hay muchos y muy buenos arquitectos interviniendo patrimonio, pero claro, luego veo lo que ha ocurrido con el proyecto de la Alhambra de Álvaro Siza y Juan Domingo Santos y es cuando creo que seguimos pensando decimonónicamente el patrimonio.

Por otro lado está el tema de la protección del patrimonio. Cada vez se blindan más elementos o edificios singulares y se permiten mayores destrucciones de arquitecturas patrimoniales anónimas. Ahí es donde el arquitecto debe posicionarse y trabajar seriamente para concienciar a esta sociedad que tan patrimonio es la Catedral de Sevilla como el Gimnasio Maravillas de Alejandro de la Sota.

 

  • Hablemos de la Capilla Martín de la Jara, uno de sus proyectos premiados. La idea de “caja de luz” ¿cómo surgió esta reflexión?

Este proyecto para el estudio ha sido uno de los proyectos más importantes. Quizá es el más pequeño de lo que hemos desarrollado hasta ahora, pero el que con más intensidad, trabajo y tiempo le hemos dedicado. El encargo, para un creyente, es una de las responsabilidades más importantes: hacer una capilla para el Santísimo Sacramento. A partir de ahí trabajamos con tres ideas: la luz, la sobriedad franciscana y la idea de caja.

“El resultado de la Capilla Martín de la Jara fue tan bueno que pocos días después de la inauguración nos llamaron de la Santa Sede en Roma”

Buscando los materiales mínimos proyectamos una caja muy sencilla que fuera capaz de acoger la mayor cantidad de luz posible. De ahí que todo fuera blanco. En esa caja no hay distracción alguna más que el lugar en el que está el Sagrario. También aprovechamos hacer esa caja para poder introducir luz al resto de la iglesia que era bastante oscura. El resultado fue tan bueno que pocos días después de la inauguración nos llamaron de la Santa Sede en Roma y nos pidieron toda la documentación para publicar la capillita en un libro que acaba de salir recientemente sobre arquitectura sagrada.

 

  • ¿Nos podría adelantar algún proyecto que tenga entre manos de cara al próximo año?

En el estudio no tenemos más que un proyecto en la mesa y otro en obra. De no ser así perderíamos el control de cada una de las obras. Ahora mismo tenemos encima de la mesa la restauración y puesta en valor de unas Cisternas Romanas.

Se trata de una construcción subterránea que hay que poner en valor y a su vez construir un nuevo espacio para la recepción de visitantes. Es todo un reto en el que la luz, la razón y la precisión serán partes fundantes y serán las encargadas de gestar esta nueva obra.

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